Coleccionable Superman

Si hay un personaje que ha sobrevivido contra viento y marea, adaptándose a los tiempos de forma camaleónica, ese es Superman.

Todos los que están inmersos en el mundo del cómic lo considera “el padre de los superhéroes”, debido a que fue el primero de ellos (Flash Gordon, Tarzán o La Sombra son considerados héroes de pulp), pero desde 1938 el personaje ha pasado por distintas etapas bien diferenciadas.

El Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster era un ser superfuerte que saltaba por encima de los edificios y al que le rebotaban las balas sin dañarlo («más rápido que una bala, más poderoso que una locomotora, capaz de saltar altos edificios de un solo impulso» decía la cuña que anunciaba sus aventuras radiofónicas).

Sus aventuras discurrían luchando contra empresarios y políticos deshonestos, estafadores, gánsteres, linchamientos y casos de violencia doméstica, con una forma de actuar más brutal que la que tiene hoy en día y con un código moral muy distinto al que marca la sociedad de hoy.

Sin embargo, con el paso del tiempo aumentaron sus poderes, al igual que sus ideales y las normas de su código moral (no matar, enseñar mediante el respeto, etc.). Fue la serie de dibujos animados de los hermanos Fleischer (1941) la que introdujo la habilidad de volar, llegando gracias a este poder a moverse entre galaxias, detener meteoritos o viajar en el tiempo. Su visión contemplaba cualquier espectro (microscópico, telescópico, rayos X, ultravioleta, etc.), tenía supervelocidad, superoído, aliento ártico, visión calorífica, superfuerza… En definitiva, se convirtió en un ser al que nada le afectaba y cuyos poderes se multiplicaban con los años (salvando el hecho, quizás, que nunca dominó la telepatía).

Como sus guiones pasaron a ser muy predecibles, decidieron crear un talón de aquiles para el personaje, e inventaron la kriptonita, punto débil que utilizarían muchos de sus enemigos, sobresaliendo en este menester Lex Luthor.

Con la llegada del famoso psiquiatra Frederick Wertham y su libro “La seducción del inocente”, se creó a nivel nacional una comisión que debía supervisar todo guión dedicado al público infantil y juvenil, y Superman (al igual que otro héroes) pasó a tener aventuras ñoñas e insípidas, multiplicando los personajes “necesarios para una buena educación”, tales como Superwoman, Superman Bizarro o Supergirl.

Este “atolondramiento” de las temáticas vino a causar cierto declive del género, y no fue hasta los sesenta, con la llegada de Marvel y sus “dioses con pies de barro” que el mundo del cómic no recibe un cambio de rumbo y un nuevo impulso.

DC vio, con el paso de los años, que la humilde Marvel (con sus héroes desgraciados) les ganaba la partida en ventas. Y a mediados de los ochenta, los directivos de la compañía decidieron volver las tornas haciendo borrón y cuenta nueva.

Llegaron la “Crisis en tierras infinitas” (1986), una macrosaga donde se resetearía a todo héroe de la compañía, y en la cual se marcaría el punto cero desde el cual las historias de todas las cabeceras comenzarían de nuevo, explicando los orígenes (actualizados a los tiempos que corrían) de cada personaje (aunque, curiosamente, la numeración de las cabeceras principales se mantuvo, como fue el caso de Action Comics o Detective Comics)

El coleccionable de Superman (40 números) que publicó Planeta DeAgostini en 2006 comienza, precisamente, en este punto.

El reseteo de la serie del kriptoniano comenzó con una miniserie llamada “Superman: Man of Steel”, a cargo de John Byrne como autor completo, donde se cogieron las mejores características de la historia del héroe y se unieron para dar con un Superman más humano y menos poderoso, en definitiva, más creíble y más cercano a los lectores.

Las otras cabeceras donde el héroe aparecía, unieron sus criterios para ir contando una sola historia, una continuidad que fuese fácil de seguir tanto por los lectores veteranos como por los recien llegados.

En los primeros veinte números del coleccionable conocemos el origen del héroe, así como las características de sus dos mundos (Krypton y la Tierra), y por sus páginas pasan, uno tras otro, todos los héroes de la franquicia deceera.

Veremos el primer encuentro del Hombre de Acero con Batman, con Wonder Woman (atracción sexual incluida), los Metal Men, la Doom Patrol, Star Man y con La Legión de los Superhéroes, intentando dar explicación a este grupo, el cual se supone que fue fundado gracias a los ideales de Superboy, un personaje que en esta nueva continuidad no existió, ya que las condiciones innegociables que instauró Byrne para hacerse cargo del personaje pasaban por que Kal-El fuese el último superviviente de su mundo (nada de kryptonianos yendo y viniendo) y que sus poderes despertaron paulatinamente, no haciendo uso de ellos en pos del prójimo hasta su madurez en Metrópolis.

No hace falta saber nada ni haber leído nada anteriormente publicado sobre el personaje. Todo está en esta primera veintena de números. Aunque ésto no es óbice para que los lectores de siempre encuentren guiños, referencias y comparen situaciones, haciendo de la lectura un ejercicio entretenido.

A la par, conocemos personajes y situaciones de nuevo cuño, en la colección que guioniza Marv Wolfman (Adventures of Superman). Aparece, por ejemplo, por primera vez la nación de Qurac (en clara referencia a Irak), un nuevo grupo terrorista (Intergang) y secundarios interesantes que irán entremezclando sus vidas con la de Clark Kent.

La nueva andadura redefinirá también la relación de Superman con Lois Lane y con Lex Luthor. La primera será menos cruel con Clark que en sus anteriores encarnaciones (ella llegará a sentir algo más que aprecio por Clark, aunque no le perdone que le pise algunos artículos), mientras que el segundo pasará de ser un científico loco con muchos recursos a ser un taimado empresario intocable pero con asuntos oscuros que nadie puede vincular con él (inspirado un poco en la figura del Kingpin de Frank Miller).

Las aventuras de siempre también están, pero contadas de nuevo: El amor con Lori Lemaris, la kriptonita (una sola y verde), el Jimmy Olsen elástico (en la segunda parte del coleccionable), Metallo, Superman Bizarro, Brainiac, la relación con Lana Lang y hasta una efímera Supergirl, que en la segunda etapa dará mucho que hablar.

El ritmo de aventuras es constante y contínuo, y la edición está llevaba a cabo de forma muy eficiente y satisfactoria para el lector, llegando, incluso, a romper y mezclar números americanos para estructurar el tomo formando un sólo hilo conductor y una lectura fácil, que no nos haga ir adelante y atrás en las situaciones.

Incluso podemos leer números editados que son semilla de sagas más recientes del personaje, como es el caso del tomo 18, en el que leemos (además de la resolución en la relación Wonder Woman/Superman) el “Superman #18”, en el cual el personaje viaja al lugar donde orbitó Krypton para tener una visión de lo que hubiese ocurrido si los kriptonianos hubiesen huido a la Tierra para salvarse de la explosión de su planeta, viéndose consecuencias similares a lo sucedido en la última saga publicada en España, “Nuevo Krypton”.

La segunda y última veintena de números comienza con la “Saga de Supergirl”, un argumento algo complicado y estrambótico que conlleva la existencia de un universo de bolsillo creado por el Amor del Tiempo (hay que tener en cuenta que después de las Crisis, tan sólo debía haber quedado un sólo universo) para que la Legión de los Superhéroes pudieran encontrarse con Superboy y no se mezclaran en los asuntos del semidios en el universo principal.

Esta saga marcará un antes y un después en las colecciones de Superman por dos motivos:

  1. La marcha de John Byrne: el autor ha trabajado sin descanso durante varios años en todas las colecciones del Hombre de Acero (construyendo desde la base la nueva continuidad de Superman y redefiniendo a todos y cada uno de los personajes de la serie) y termina su ciclo, aunque otros autores culminarán tramas por él planteadas.
  2. Las consecuencias de una decisión del héroe: Superman ha de determinar que hacer con los tres kriptonianos que han destruido ese universo de bolsillo, y su decisión le afectará de tal manera en su vida pública y privada, que motivará un autoexilio al espacio.

La redefinición del villano llamado Brainiac, la muerte de Lex Luthor o el origen de la Supergirl que guionizó Peter David son algunas de las perlas argumentales que nos aguardan en la segunda parte del coleccionable.

La marcha de Byrne en el aspecto gráfico (salvo en Adventures, donde el dibujante era Jerry Ordway) será la puerta de entrada al personaje para autores de la talla de George Pérez, Arthur Adams o Mike Mignola.

La continuidad sigue asegurada y el ritmo de las aventuras, lejos de decaer, sigue en ascenso, atrapando al lector en una borágine de acción impresionante, alternada con momentos de vivencia del personaje olvidado durante tantos años, el alter ego del héroe. Y es que, en toda la obra, pero más marcadamente en esta segunda parte del coleccionable, Clark Kent no es sólo la máscara tras la que se esconde el héroe, sino que cobra una vitalidad y un interés que nunca tuvo en sus cuarenta años precedentes.

Lois y Clark están llamados a escribir escenas cargadas de sentimientos como la fidelidad, la compasión, el respeto o la amistad, mientras que la vida de los secundarios cada vez es más interesante. Catherine Grant, Perry White o José Delgado son personajes que, de por sí, podrían mantener una serie al más puro estilo televisivo.

En definitiva, una obra completa que redefinió el universo del kriptoniano Kal-El (nombre verdadero de Clark Kent/Superman) y que no debería faltar en ninguna “tebeoteca” (comicteca en acepción anglicana) de los amantes del cómic.

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3 comentarios to “Coleccionable Superman”

  1. Informaci�n de BlogESfera.com……

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  2. A mi me quedan solo 11 numeros para terminarlo y la verdad es que es un muy buen coleccionable.

    Quizá su único fallo es que tiene alguna pagina un pelin borrosa o mal escaneada

    • Eso es cierto, querido Vladek. Parece ser que no tenían disponibles todoas las planchas originales (no sé si por fallo de planeta o por fallo de DC) y tuvieron que escanear algunas páginas, de manera que para borrar el entramado de los colores de aquella época (los famosos micropuntitos), optaron por difuminar las páginas escaneadas.

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