Príncipe Valiente

A mi amigo de la adolescencia Fernando Palomo siempre le sorprende que yo, como lector ávido de cómics que presumo ser, nunca me haya acercado ni conozca “El Príncipe Valiente” de Harold Foster, y, aprovechando la nueva edición que de sus aventuras está realizando Planeta de Agostini, he comenzado a leerlas.

Para iniciar el post, he de reconocer que la obra me ha sorprendido en varios aspectos, y uno de ellos ha sido la gran labor gráfica del autor. Las ilustraciones de “Prince Valiant” (nombre original) son de una belleza inusitada, a la vez que realistas y proporcionadas. El lápiz de Hal Foster es sencillamente espectacular, y cada viñeta es un regalo a los ojos, hasta tal punto que cada tomo de la colección bien puede tener una doble lectura, la primera textual asimilando las palabras que describen la trama, y otra visual. Podríamos estar días enteros deleitándonos en cada dibujo, en los detalles más nimios y en las grandes composiciones.

Foster realiza un trabajo asombroso en este aspecto. Es muy cuidadoso, a la par que detallista. Cada objeto, cada animal, cada paisaje que sale de sus lápices son fotografias que plasman la realidad que rodea el contexto. Trajes de combates, montañas y bosques, caballos o armas están realizados de forma fidedigna y contrastada, ya que el autor se documentaba hasta límites insospechados para aclimatar su obra, de manera que si un yelmo aparece, tened por seguro que el yelmo es correcto estructural y cronológicamente. Pero además el lenguaje corporal de los personajes,  las expresiones faciales o sus indumentarias son otro aspecto fundamental en esta obra de arte. He de reconocer que pocas veces me he encontrado con dibujantes de historietas tan atractivos.

Sin embargo, en lo que concierne al guión y los textos, me he llevado una sensación extraña, y no porque el contenido de los mismos sean aburridos. La explicación es tan simple como que, al estar mi persona influenciada por el cómic estándar, en el que los personajes tienen sus bocadillos de texto personales y cada personaje habla por sí mismo, lo que encuentro en “El Príncipe Valiente” es una dinámica bien distinta. Es, lo que podría calificar como HISTORIA ILUSTRADA, más que cómic. La acción se desarrolla y se cuenta en el pie o la cabecera de las viñetas, conteniendo toda la información y diálogos necesarios, dejando así, nuevamente, el campo abierto para poder disfrutar de las ilustraciones en todo su esplendor.

Al principio, esta forma de desarrollar la trama me chocó un poco. Y es debido a que la colección no fue editada en su origen como COMIC BOOK (libro de historietas) al uso, como era “Action Comic” o “Amazing Spider-man”, sino que fue confeccionada para su edición semanal en los periódicos. De manera que cada página (o plancha) escenificaba una acción concreta dentro de la trama general, la cual se podía leer independientemente con cierto contenido entretenido, pero que venía de acciones anteriores y desembocaba en desarrollos posteriores.

El guión es una historia-río que, si bien tiene un principio (con los primeros pasos de Val en su patria natal), no tiene un final definido. Las aventuras se van enlazando de una forma natural, una tras otra, sin dejar al lector tiempo para respirar. Y éste es otro de los atractivos de la serie.

La introducción de situaciones históricas y legendarias, así como la participación de personajes archiconocidos, hacen de “El Principe Valiente” una aventura a caballo entre la mitología y la historicidad. Hechos históricos se entremezclan con personajes de ficción pertenecientes a leyendas para dar con una historia espectacular en la que lo mismo podemos ver a Val participando de aventras junto al Rey Arturo y sus caballeros de la tabla redonda, que junto a personajes reales, como el emperador Valentiniano o el general romano Aecio.

Un ejercicio de documentación que sirve perfectamente para dotar la obra de cierto halo de realismo, pero que a la vez sirve como ilustración e iniciación en la Historia para los más pequeños.

Foster utiliza como base habitual de las planchas diarias el sistema de nueve viñetas (cada página de los tomos corresponde a una plancha publicada), dividiéndolas en nueva casillas simétricas (al igual que los cómics de los años 40, época de edición de las primeras aventuras de Val), lo que ofrece al autor extensión suficiente para poder narrar con suficiencia detalles de la acción en cada entrega. Pero ésto no es óbice para que Harold Foster pruebe con planchas de una sola viñeta (lo que hoy solemos llamar “splash page”) o que innove jugando con las simetría de tres líneas, introduciendo viñetas que acaparan tres o cuatro cuadros, haciendo de la visualización de cada página un ejercicio de dinamismo para el lector que, a su vez, sirve para que el autor expanda sus lápices a escenas salomónicas que abundan detalles arquitectónicos y anatómicos espectaculares.

Viñeta de la plancha 191 (10-06-1940) que ocupa el espacio de seis viñetas (dos tercios de la plancha)

Cuando comencé a leer el primer tomo de la colección (las planchas que fueron editadas en los periódicos en el año 1937), pensaba que iba a leer aventuras sueltas con un principio, un nudo y un desenlace, al estilo natural de cualquier historieta. Pero, por el contrario, una vez que inicias la lectura, es imposible desligarte del personaje, ya que cada situación termina recayendo en otra más interesante, con más acción en algunos casos, con notas de humor en otras, o, simplemente, en el desarrollo de un cambio de escenario y de secundarios que te atrapan sin remedio.

La edición que Planeta de Agostini puso a la venta el pasado mes de septiembre (2011) es, además, una delicia ya que cada tomo, además de traer las planchas del año en cuestión (comenzando por 1937 y terminando por las más actuales de este mismo año) viene completado con extensos artículos de varios expertos en historia y en el personaje (como por ejemplo BEATRIZ C. MONTES , doctora por la Universidad de Tours y profesora de la Universidad de La Rioja, o PABLO KURT RETTSCHALG GUERRERO, licenciado en filología clásica y profesor de Cultura y Lenguas Clásicas) que nos adentran en el mundo del autor y en los pormenores del personaje y de la historicidad que lo rodea.

Para aquellos que no saben de que va esta obra, les transcribo una reseña de la propia editorial, que acompaña al primer tomo, como introducción al personaje:

“Cuando el rey Aguar de Thule es depuesto por el usurpador Sligon y se refugia en los salvajes pantanos de Britania, Val, su hijo, apenas tiene cinco años. Pero será este joven, que crece sin más aspiración que ser rey en el exilio, quien no se conforme, quien, inquieto, busque más allá de sí mismo. Para un joven como él sólo hay un camino abierto, el de la aventura: el reflejo de la lejana corte de Camelot, la posibilidad de ser nombrado caballero.

Con la espada Cantarina, gemela de Excalibur, y primero como escudero del alegre sir Gawain y después como caballero, Val siempre cederá a su espíritu aventurero y a su profundo sentido de la justicia, sabiendo siempre que el primer enfrentamiento es honrar el ideal del caballero: verdad, justicia y libertad.

Pese a todas sus batallas y a todas sus victorias, Val carece de la ambición y de la soberbia de un conquistador: cuando los embajadores de varias naciones acuden a él para que les lidere en la batalla contra los hunos, Val se niega: “[…] En ningún lado consigo encontrar una conquista por la fuerza que perdure. Alejandro y César conquistaron el mundo pero ¿dónde están ahora sus conquistas? […] No, nobles señores, solo he consagrado mi espada a la causa de la libertad y la justicia.”

Aunque la vida de Val no es una eterna aventura. El Príncipe es tan alegre y compasivo como valeroso y fiero, aunque no disfruta de la guerra. Respetuoso con todos los centenares de pueblos y razas con los que se cruza, entre batallas contra los hunos, en las correrías con los vikingos, sus viajes al corazón de África, su difícil relación con los representantes de la decadente Roma, su épica travesía a la aún no descubierta América, Val encuentra en las diversas situaciones amigos y enemigos, lo mejor y lo peor de la humanidad.

Más allá de la aventura, a la que jamás renuncia, la gran alegría de Val es su familia. Cuando en su camino se cruza Aleta, la reina de las Islas Brumosas, un pequeño reino mediterráneo insular, Val se declara hechizado, y jamás se recuperará de ese encantamiento. La familia de Val (sus hijos, el príncipe Arn, las gemelas Karen y Valeta, los jóvenes Galan y Nathan) va adquiriendo protagonismo en la historia y sus aventuras nunca desmerecen respecto a las de su progenitor.”

Este coleccionable de Planeta de Agostini recoge toda la trayectoria del Principe Valiente desde sus inicios (1937) hasta las últimas planchas publicadas (2011) ya que la continuidad del personaje ha trascendido a su autor. Hal Foster (1892-1982) unos años antes de su muerte fue preparando su retirada (debido a graves problemas de huesos) seleccionando a su sucesor, JOHN CULLEN MURPHY, quien se hizo cargo de las aventuras de Val desde 1978 (aunque hasta 1979, Foster siguió realizando los bocetos y guiones para asegurarse que su sucesor respetaba el espíritu insuflado por él mismo a su creación). Y la saga continúa, ya que a la retirada de Cullen en 2004 le ha sustituido GARY GIANNI en las ilustraciones y MARK SCHULTZ en los guiones.

El Principe Valiente sigue cabalgando y continuará, como la gran obra conceptual que es.

En resumen, si eres lector de este mundo denominado como el noveno arte, no puedes dejar pasar la oportunidad de leer esta obra ambientada en el siglo V, en plena Edad Media, con todos los ingredientes de la antigua novela caballeresca, pero con unos personajes impulsados por motivaciones y valores propios válidos para cualquier edad.

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