Y si no ¡Nos enfadamos! – 1. El fin de los cómics

Me considero un lector veterano (por aquello de mi edad). Tanto, que empiezo a oler a rancio, como mis cómics de Vértice. Y es por ello que pienso que los cómics se mueren.

En un mundo donde las editoriales no son sino ramas de multinacionales tremendas, en las que suponen un porcentaje muy bajo de sus pingües beneficios anuales, cada vez importa menos la opinión de los lectores y cada vez más las hojas contables y que no desciendan los beneficios, aunque estos vengan del celuloide (el dinero no tiene “color”).

Creo que ese es el motivo de que a los compradores que hemos mantenido la empresa a flote durante muchos años (¿30? ¿40? ¿50? que cada uno elija su grado de “ranciedad”) nos estén tocando los atributos mes sí, mes también.

¡Oiga! Que me parece muy bien que ustedes, señores ejecutivos de la serie/film de moda, tenga que abarcar cuotas de mercado y alcanzar a colectivos minoritarios (¿minoritarios?) e innovar a personajes para hacerlos más molones, de forma que la caja registradora no pare de sonar, y, de esta manera, nos traiga un Peter Parker con lanzarredes orgánicos, un Drax “tatoo” o un Wally West afroamericano.

Pero ¡¿Por qué tenemos que soportar los lectores de “toda la vida” que nuestros personajes en papel se adapten a las producciones cinematográficas o televisivas?!

Ejemplo de "tochaco" caro, pero de inversión agradable

Ejemplo de “tochaco” caro, pero de inversión agradable

Una de las razones de que en España las editoriales Panini y ECC estén reeditando tanto material clásico es, en definitiva, la de que los clientes que mantienen el negocio están hartos de grapas y novedades de personajes que ni entienden, ni reconocen ni comparten, y prefieren encontrarse con sus héroes de toda la vida, en nuevas ediciones caras y mejor tratadas en cuanto a papel, traducción, color y tamaño.

Los que llevamos toda una vida aportando parte de nuestros ingresos al querido hobbie de leer tebeos (y, mientras más edad cumplimos, más dinero nos gastamos), no queremos que los personajes a los que amamos se transformen ¿Para qué? ¿Para que los espectadores de los cines compren  cómics? ¡¡¡ESO NO SUCEDE, SEÑORES MÍOS!!! Si eso fuese una premisa lógica, los cómics no seguirían vendiendo lo mismos números mes a mes, reduciéndose las tiradas paulatinamente con el paso de las décadas, sino que con cada “pelotazo taquillero”, las ventas subirían como la espuma.

Y, sin embargo, tenemos que seguir viendo como el Oliver Queen de toda la vida, ese personaje de perilla mosquetera entradito en años, se transforma en el engendro imberbe y clonación absurda del Arrow televisivo, Felicity Smoke incluída. Mucho no tardaremos en ver transformarse a la longeva, arrugada y metomentodo tía May en una madurita buenorra, a imagen y semejanza de Marisa Tomei.

¡DEJEN EN PAZ A LOS LECTORES, POR AMOR DE ODÍN!

Reza un lema evangélico “Dad al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”. Pues eso, dejad que los que gustan de explosiones y destrucción de ciudades por kriptonianos sin escrúpulos paguen su euritos con los “inventos de la gaseosa” y comulguen con ruedas de molino si Apocalipsis no pasa de ser un villano muy grande y muy azul que se come a los niños, y respeten la integridad de los héroes del papel respetando sus idiosincrasias y sus continuidades, que es por lo que pagamos nuestro dinero. Si no (y no es una amenaza, sino una realidad), el cómic en papel morirá, debido a una malnutrición de ventas.

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